La adolescencia es una edad de transición en la que se combinan profundos cambios hormonales con otros de carácter emocional y psicológico. Debemos comprender que los jóvenes adolescentes se sienten en una constante inseguridad. Ellos están cambiando y en su entorno también los tratan de manera diferente.
Durante la infancia los niños y niñas son y se sienten protegidos por todos los adultos que los rodean y otros toman las decisiones por ellos lo que los mantiene en un espacio de confort. Al llegar a la adolescencia los jóvenes se encuentran con que lo que quieren ellos es diferente a lo que quieren los mayores pero aún más, al intentar tomar las riendas de su propia vida descubren que toda elección implica irremediablemente una renuncia.
Ese descubriemiento de que no siempre puede tenerse todo y que lo que consigan,bueno o no tan bueno, será sólo responsabilidad de ellos, esa constatación de que ya no pueden culpar a otros es uno de los factores que provoca derrumbes periódicos.
Deben asimilar que así será siempre, sus actos tienen consecuencias y sus decisiones pueden condicionar su vida a corto, medio e incluso largo plazo. Eligen si estudiar o no, qué estudiar o en qué trabajar, deciden si quieren hacer deporte, si les interesa participar en su comunidad, organizan su propio tiempo y todo eso a la vez que deben romper la dependencia con sus padres para empezar a dar los primeros pasos en solitario.
Creo que es interesante profundizar en el paralelismo con los primeros pasos, especialmente para los padres. Tenemos que entender que es el mismo proceso que el de aprender a caminar. Los progenitores puede apoyar a sus hijos, sostener sus manos con delicadeza pero al final deben soltarlos aún a riesgo de que se caigan. Y si caen es más importante enseñarles a levantar que ayudarles a hacerlo.
Preguntas poderosas
Una de las claves de la adolescencia es hacer preguntas poderosas para que el joven se plantee quién quiere ser, qué quiere hacer y cómo puede conseguirlo apoyándose siempre en sus talentos para esquivar la frustración. Esto potenciará su autoestima y facilitará su transito por esta etapa de incertidumbre.
Los adultos debemos mostrarnos comprensivos. Si ya se nos ha olvidado cómo vivimos nuestra adolescencia basta con revivir cuál fue la última decisión trascendentes que tomamos para nuestra vida y cómo vivimos el tiempo previos hasta que hicimos la elección que creimos era la más adecuada. Los adolescentes están en ese estado de forma permanente.
Y para los que tengan ganas, los que trabajen o vivan con chicos y chicas en esa edad aquí pueden encontrar información y actividades: Promoviendo la adaptación saludable de nuestros adolescentes de Patricio José Ruiz Lázaro, pediatra, responsable de consulta joven y de proyectos de promoción de la salud y participación comunitaria de adolescentes.

El coaching nos remueve por dentro, es un terremoto interior que no deja a nadie indiferente. Sin embargo, uno de los riesgos de un trabajo de coaching mal entendido o sin el asesoramiento profesional adecuado es la inmersión en la culpa. En ocasiones descubrimos, quizás más bien constatamos, que los que eso que nos sucede y que nos frustra, es causa directa de nuestras deciones o acciones.
El coaching es un acompañamiento para momentos de cambio y transición y un excelente faro con el que iluminar nuestro proyecto de vida. La maternidad es para muchas mujeres centro de su proyecto de vida y resulta indudable que constituye un auténtico cambio.
Los objetivos, la determinación del momento presente, el compromiso, los valores…. Todo tiene como última finalidad que nos sintamos felices y que nuestro devenir diario se convierta en un placentero viaje. Cuando lo que hacemos es completamente coherente con lo que sentimos nos mueve la auténtica motivación e incluso los inconvenientes se convierten en entusiasmantes retos. Eso es el proyecto ¡WOW!